Un corte de pelo solidario

En Tarazona varias peluquerías colaboran con la iniciativa ‘Mechones solidarios’ que realiza pelucas con donaciones de pelo para pacientes de cáncer 

Un paso por la peluquería con una acción tan simple como cortarse el pelo puede ayudar a otras personas. Éste es el objetivo del proyecto ‘Mechones solidarios’, que con cabello donado por centenares de personas de toda España realiza pelucas para pacientes con cáncer.

Esa idea surge de la madre de Estela Guerisoli, presidenta de la entidad: “Realmente la idea fue de mi madre, cuando íbamos al hospital a poner el tratamiento de quimioterapia a ella le preguntaban por qué no se le caía el pelo, pero explicaba que tenía una peluca de pelo natural y por eso no se notaba. Entonces, dije que había que ayudar a toda esa gente que no tiene un poder adquisitivo alto para poder comprar una peluca de pelo natural”. Y es que, una peluca de este tipo tiene en el mercado precios superiores a los 1.000 euros.

Posteriormente, en el año 2013 surge ‘Mechones solidarios’. “Vino una clienta con el pelo muy largo a mi peluquería para realizar un gran corte, entonces mezclaron ambas ideas y surgió finalmente”, rememora Guerisoli.

Desde entonces, la iniciativa ha ido creciendo y actualmente hacen cerca de 40 pelucas cada mes con donaciones que llegan desde las 1.300 peluquerías colaboradoras o de personas particulares que deciden cortarse ellas mismas el pelo en casa y enviarlo mediante correo ordinario hasta la sede de ‘Mechones solidarios’ en Málaga. En Tarazona algunas peluquerías se han sumado a esta  iniciativa.

Cómo donar

“Para donar si se acude a la peluquería se lava el pelo y se corta, el corte solidario está estipulado en 5 euros nada más, para tener un incentivo más a la hora de cortar”, explica la presidenta de esta iniciativa. Después, se deja secar y se envía a Málaga. Similar sería en casa, aunque para facilitar el corte se pueden realizar coletas o trenzas.

Desde enero de este año solo se admiten donaciones superiores a los 30 centímetros porque tienen “cantidades enormes de pelo de 20 centímetros y la mayoría de personas que necesitan pelucas son de pelo largo”.

Cómo se hacen las pelucas

Una vez que el pelo llega hasta Málaga comienza el proceso de hacer las pelucas, labor que realizan una docena de trabajadoras. “Se han realizado dos cursos para mujeres desempleadas de larga duración y víctimas de violencia de género, mujeres que son quienes actualmente realizan las pelucas. Algunas realizan el trabajo en el taller y otras desde casa para poder atender a sus hijos”, confirma Guerisoli.

El proceso es una tarea “muy complicada, artesanal y minuciosa”. “El pelo se selecciona, se pasa por una aparato para separar los largos, luego se hacen cortinas y se separa pelo para los picados. Esta última parte se hace pelo a pelo para imitar el cuero cabelludo. También hay que hacer las terminaciones, ya sea ralla o remolino y por otro lado, habría que hacer la base que se realiza con materiales muy suaves y naturales para que no genere picores. Por último, se hace el montaje, se lava, corta y peina”, describe Guerisoli.

Fabricando sonrisas

“Las pelucas las hacemos a medida, intentando reproducir la imagen de la persona que la va a llevar, porque aunque se te caiga el pelo no tienes ninguna obligación a cambiar”, afirma Guerisoli. Las pelucas se otorgan gratuitamente a niñas de hasta 14 años y a mujeres con escasos recursos, mientras que posteriormente, existen diferentes baremos según rentas, aunque nunca superan los 500 euros.

Cada entrega es una historia y una sonrisa, pero algunas “sensibilizan mucho”. “Tengo dos historias que me han marcado mucho. Una es la primera peluca que hicimos, para una niña de 21 años, Tamara. Sus hermanas se cortaron el pelo para hacer una peluca de pelo largo para que ella se sintiera bien. Cuando la hicimos y le vimos la sonrisa supimos por qué estábamos haciendo esto”, recuerda emocionada Guerisoli, indicando que desde entonces dicen que “fabrican sonrisas”. “Lamentablemente, Tamara estaba en fase terminal y falleció poco después, pero pudo sonreír y verse otra vez guapa gracias a la peluca”, concluye.

“El otro caso que nos tocó muy cerca fue el de Saritah, una niña que con dos años y medio empezó a perder el pelo. Le hicimos una peluca de rubio natural muy bonita y a día de hoy que tiene siete años no tiene una dependencia hacia su peluca, pero le ha cambiado la vida, ya que antes era muy retraída”, explica.

“La peluca no da nada más, pero ayuda a aumentar la autoestima, porque cuando te ves frente al espejo todas las mañanas no te reconoces, estás completamente cambiada. El hecho de llevar la peluca ayuda a verte mejor a tí misma y a que la lucha sea un poquito más llevadera”, confirma.

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