Análisis determinan la presencia de vino tinto en el lagar del yacimiento de Dehesa Cintruénigo III

El examen se ha realizado sobre dos muestras de restos cerámicos recogidos en la campaña de excavación de 2015 y los resultados van a ser presentados en el ISA 2018, simposio de arqueometría que se celebra en Méjico 

El Área de Arqueología del Centro de Estudios Turiasonenses (CET), en colaboración con investigadoras de la Universidad del País Vasco y de la Universidad de Zaragoza, ha realizado análisis de cromatografía de gases y espectrometría de masas sobre dos muestras tomadas en restos cerámicos recogidos en la campaña de excavación de 2015 del yacimiento arqueológico de Dehesa Cintruénigo III en Tarazona. El examen ha determinado la presencia de biomarcadores de vino tinto. 

“Los análisis se han realizado sobre cerámicas extraídas en 2015, la primera excavación ya que llevamos tres años.  Aparecieron en la zona del lagar y buscábamos ver si tenían restos de vino porque es lo que nos apuntaban los datos arqueológicos”, explica el responsable de Arqueología del CET, Carlos García. “Nos certifica lo que habíamos visto de manera arqueológica”, indica.

Con estos resultados se va a presentar un póster científico en el ISA 2018, Simposio Internacional de Arqueometría que se celebra del 20 al 26 de mayo en la ciudad de Mérida en Yucatán (Méjico) en una sesión dedicada para tal fin, y bajo el título Evidence of wine production in central Celtiberia (2nd-1st c. BC): highlighting the presence of wine biomarkers by an analytical GC-MS approach.

Dehesa Cintruénigo III

Dehesa Cintruénigo III es un enclave celtíbero romano datado entre mediados del s. II y el primer cuarto del s. I a.C. Este lugar ha sido objeto de tres campañas de excavación arqueológica por parte del CET desde el año 2015 hasta 2017.

“Empezamos a excavar en 2015 después de unas prospecciones que realiza anualmente el Centro de Estudios Turiasonenses en las que vimos que estaba en cierto peligro porque había una acequia que pasa justo en un costado del yacimiento y tras arreglarse se había tocado parte. Además, en ese momento se recogieron restos en superficie que indicaban que tenía cierta potencialidad que luego no hemos refrendado arqueológicamente porque probablemente esté destruida esa parte”, señala García.

En el yacimiento se han documentado tres actividades económicas: pesca fluvial-caza de aves de pequeño tamaño, reciclaje del plomo y elaboración de vino. Esta última, demostrada arqueológicamente gracias al hallazgo de un lagar completo de tipo trullo, junto con varios espacios dedicados al almacenaje de esta bebida, se ha certificado con los análisis químicos mencionados.

Tras tres campañas de excavación este verano el CET estudiará el material recogido. “Hemos hecho tres campañas, tenemos más o menos contextualizado el yacimiento a nivel estructural, ya que hemos excavado tres espacios diferentes y a nivel material también lo tenemos bastante caracterizado. Por lo que este verano queremos parar lo que vendría a ser la campaña y centrarnos en el material recogido para hacer estudios”, confirma García.

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